memoria Costa Rica

El edificio se emplaza en un terreno atípico del barrio de Palermo dentro de una zonificación especial. Se trata de lote angosto pero que permitía PB y 8 niveles de altura, produciendo un edificio compacto pero de proporción vertical donde se distribuyen unidades de dos ambientes y un remate de triplex y piscina. Esa verticalidad es enfatizada tanto en frente como en contrafrente, donde la repetición una sobre otra de una trama estructural expresada por el desplazamiento de vigas en voladizo, columnas y pasamanos de hormigón enmarca a cada una de las unidades.
La estructura, en este caso, cumple también un rol expresivo al intensificar la individuación de los elementos para conformar el conjunto de un piso o una unidad. El edificio puede apreciarse como la acumulación vertical de esta unidad donde la lectura horizontal busca ser predominante. El avance o la retracción de los elementos horizontales y del vacío de los balcones provocan juegos de luz y sombra que dan volumen y son un material más que pone en
movimiento la expresión del edificio.


Las pequeñas unidades se trabajan con carpinterías y tabiques móviles que diferencian los espacios y permiten una doble circulación en su reducida superficie, que se presentan sumamente luminosos por su reducida profundidad y su relación directa con el exterior. El edificio se retira deliberadamente de la línea municipal a fin de constituir un volumen único con toda la altura permitida produciendo, en el encuentro con la vereda, un plano cerrado y casi ciego por el que solo se vislumbra el hall de acceso.

 

Escalera y puentes son eventos incluidos en un conjunto compuesto de vigas que devienen antepechos que devienen barandas que, en su ascenso, culminan en la escalera invertida suspendida en el interior del patio. La secuencia inversa desemboca en la escalera separada del suelo de planta baja y la rampa de acceso bifurcada del ventanal. El hormigón en tablas horizontales se asocia a la rugosidad del revestimiento pétreo y la exaltación del amarillo.